El motivo
Es la idea musical reconocible más pequeña: de dos a cinco notas con un perfil rítmico e interválico preciso. Un buen motivo es simple, característico y «desarrollable».
Técnicas de desarrollo
- Repetición: idéntica, para fijar la idea.
- Secuencia: el mismo motivo sobre otro grado (diatónica o real).
- Inversión: los intervalos cambian de dirección.
- Retrógrado: las notas en orden inverso.
- Aumentación / disminución: valores duplicados o reducidos a la mitad.
- Fragmentación: se usa solo una parte del motivo.
- Expansión / contracción de los intervalos.
- Desplazamiento rítmico: el motivo arranca en otro tiempo del compás.
- Rearmonización: mismas notas, acordes distintos.
- Cambio de registro y de timbre.
Ejemplo en do mayor
Motivo: E–D–C en tres negras (mi–re–do) sobre C.
- Secuencia: F–E–D sobre Dm, G–F–E sobre Em.
- Inversión: E–F–G.
- Disminución: E–D–C en corcheas, repetido dos veces.
- Desplazamiento: E–D–C que arranca en el segundo tiempo.
- Rearmonización: E–D–C sobre Am (se convierte en quinta–cuarta–tercera).
En producción
Un hook de sintetizador puede generar toda la pieza: versión completa en el chorus, fragmento filtrado en la estrofa, inversión en el bridge, versión ralentizada en el outro. Esa coherencia es lo que hace que un beat parezca «escrito».
Ejemplo real
El primer movimiento de la Quinta Sinfonía de Beethoven (1808) nace de un motivo de cuatro notas (tres breves y una larga) que se repite, se secuencia y se fragmenta a lo largo de todo el movimiento. En el rock, el riff de «Seven Nation Army» de The White Stripes (2003) es un motivo que sostiene toda la canción cambiando solo el arreglo.