Las zonas
- Sub (20–60 Hz): fundamental del 808 y del bombo, se siente más que se escucha. Deja aquí solo lo necesario.
- Graves (60–250 Hz): cuerpo del bombo (60–100 Hz) y del bajo, calidez de las voces masculinas.
- Medios graves (250–500 Hz): zona del «barro» y del sonido «encajonado»; los cortes entre 200 y 400 Hz en guitarras, pads y voces limpian la mezcla.
- Medios (500 Hz–2 kHz): cuerpo y presencia de casi todos los instrumentos; en torno a 1 kHz el sonido nasal.
- Medios agudos (2–5 kHz): inteligibilidad y agresividad; el oído es más sensible aquí, por lo que es también la zona de la dureza (2,5–4 kHz).
- Presencia y brillo (5–10 kHz): sibilantes (5–8 kHz), ataque de platillos y púas.
- Aire (10–20 kHz): apertura, respiración, destello.
Prácticas
- Primero quita, luego añade: cortes estrechos para las resonancias, boosts anchos y suaves.
- Paso alto en todo lo que no sea bajo o bombo (de 80 a 200 Hz según la fuente).
- EQ complementaria: si el bombo tiene su pico a 60 Hz, el 808 se lo cede y viceversa.
- EQ siempre en el contexto de la mezcla, no en solo.
- EQ dinámica para problemas que aparecen solo a ratos (sibilantes, retumbos en ciertas notas).
Ejemplo en la menor
808 en A1 (55 Hz): bombo con un boost ligero en torno a 60 Hz y corte del 808 en esa zona estrecha durante el golpe, o bombo más agudo (80–100 Hz) para dejar el sub al 808. Voz: HPF a 100 Hz, corte a 300 Hz, presencia a 3 kHz, aire a 12 kHz, de-esser a 6–7 kHz.
Ejemplo real
«bad guy» de Billie Eilish (2019, producida por Finneas) une un sub muy potente con una voz íntima y cercana: un ejemplo de reparto neto entre zonas de frecuencia.